El castor fue introducido por el hombre en la isla de Tierra del Fuego en el año 1946.El Gobierno argentino de entonces importó 25 parejas de para la industria peletera. Casi 70 años después aquello que empezó como un emprendimiento se ha desmadrado.
Al menos 70.000 diques construidos por castores en Tierra del Fuego dan magnitud del impacto catastrófico que produjo la descontrolada población de roedores subacuáticos introducida a mediados del siglo pasado con la intención de favorecer la industria peletera.
Los investigadores estimaron en 2.300 kilómetros la longitud acumulada de diques, lo que ocasiona la inundación de unos 100 kilómetros cuadrados.
El relevamiento, cuantificó el alcance de la expansión y el impacto de estos animales desde los primeros 20 castores nativos de Canadá introducidos en el extremo sur de la Patagonia por una iniciativa comercial que provocó un enorme problema sobre el ecosistema.
El estudio concluyó que en Tierra del Fuego se extienden no menos de 70.000 diques construidos por castores, que cortan el flujo de los ríos y alteran la composición y el funcionamiento del ambiente.
Hay investigadores que señalan la presencia del castor como el impacto más grande generado sobre los bosques andino-patagónicos en la etapa geológica actual. Es un disturbio inédito y de una enorme magnitud ya que cuando los roedores construyen diques, cortan árboles, interrumpen los flujos de agua y generan embalses.
Así, en las zonas inundadas se acumulan sedimentos que cambian la estructura del suelo y provocan la muerte de más árboles porque sus raíces se ahogan.
Pero la sorpresa fue que en el norte, donde no existiría un ambiente propicio para el establecimiento y el desarrollo de los roedores, encontraron expandida la población de castores. “Nos impresionó el impacto de la invasión en el norte de la isla, donde el ambiente no parecía amigable para que se estableciera el castor".
Aparentemente, fue la falta de predadores naturales lo que posibilitó la gran expansión del castor en algunas décadas, además de la disponibilidad de recursos, la gran plasticidad característica de la especie y la semejanza de los ambientes invadidos y los nativos.

















Morakot causó daños en los cultivos de por lo menos US$ 156 millones y dejó sin agua a unos 850.000 hogares, de acuerdo con las autoridades. Varios organismos de ayuda humanitaria y empresas realizaron donaciones por valor de más de US$ 100 millones. El ministro japonés de Asuntos Exteriores anunció una donación de Japón de 10 millones de yenes (US$ 103.000), y otros países expresaron sus condolencias y su deseo de dar ayuda. Morakot es uno de los peores tifones que golpeó Taiwán en 50 años.
