lunes, 17 de agosto de 2009

En el Norte no se lucha por tierra sino por sobrevivir

Alto índice de pobreza en pueblos originarios

Los problemas de los pueblos originarios en el norte argentino tiene marcadas diferencias con los reclamos exhibidos por los mapuches en el Sur. Los pedidos de wichís y tobas, entre otros, apuntan a la supervivencia. Sus peticiones tienen la visibilidad de la protesta social, emparentados en las formas con los grupos piqueteros locales.

En el Norte salteño, aparece Tartagal como ícono de las protestas. Las comunidades originarias de esa zona adoptaron al corte de la ruta nacional 34 como una forma de arrancar concesiones al gobierno provincial y a las empresas de hidrocarburos que están allí instaladas.

El Banco Mundial otorgó una línea de crédito para asistir a las comunidades originarias. El dinero se reparte a criterio del gobierno nacional, mediante un seguro de capacitación y empleo. El documento del Ministerio de Trabajo que habilitó esa ayuda económica establece las características de los pueblos originarios en la Argentina, de acuerdo con la encuesta complementaria de hogares realizada por el Indec en 2001. Esa información señala que hay 281.959 hogares en los que, por lo menos, vive un integrante de un pueblo originario. El 23,5% de esos hogares tiene insatisfechas las necesidades básicas. El promedio nacional, en ese aspecto, es del 13,8%.

Los niveles más altos de necesidades insatisfechas se encuentran en Formosa (74,9%), en Chaco (66,5%) y en Salta (57,4%). El analfabetismo es muy alto, encontrándose los peores índices entre los Mbya guaraní, de Misiones (29,4%), y los wichís, repartidos en Chaco, en Formosa y en Salta, con el 23,4%.

Esa situación deriva, en muchos casos, en el aprovechamiento político de las comunidades. A comienzos de este año, punteros del kirchnerismo reunieron en Buenos Aires a representantes de etnias para acordar un plan de acción tan ambicioso como de poco probable concreción. Se apuntaló, en ese encuentro, el reclamo de las comunidades de contar con una ley de cupo para acceder a los tres poderes del Estado, además de planificar la creación de un ministerio indígena. Más allá de esas promesas, los pueblos originarios del Norte mantienen un nivel de vida que apenas les permite sobrevivir y protestar.


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