jueves, 30 de octubre de 2008

El Zoo porteño cumple hoy 120 años




L a inauguración del Zoológico de Buenos Aires coincidió con una época en que Argentina se proyectaba como un país moderno, influido por modelos internacionales. El que crecía de la mano de la exportación de materia prima, el que recibía a la primera ola de inmigrantes europeos y en el que se construían obras con cierta grandilocuencia.Y la arquitectura del Zoo porteño es un huella de aquella proyección que se apagó con los años. Un complejo de edificios victorianos en los que los animales eran exhibidos como una curiosidad. Hoy, los zoo se basan en otras búsquedas –de educación, preservación e investigación, entre otras– pero aquellos edificios, por suerte, aún se conservan y celebran hoy los 120 años de su apertura.

Uno de esos pabellones es el de los elefantes. Con reminiscencias de la cultura de la India, ecléctico y decorado con una enorme diversidad de figuras –elefantes con coronas y deidades, en su mayoría–, es el eje sobre el cual creció el Zoológico hasta transformarse en una visita obligada en la Ciudad.Se conmemora su fundación un 30 de octubre porque fue cuando se le dio entidad propia. Pero en verdad había nacido como un apéndice del Parque Tres de Febrero, inaugurado en 1875 por el presidente Domingo F. Sarmiento. Algunos años después otro presidente impulsó su separación para darle más relevancia: "No hay ninguna ciudad de mediana importancia que no tenga un zoológico, que es el punto favorito de reunión de multitudes", sentenció Carlos Pellegrini.Su primer director fue Eduardo Holmberg –hoy sus herederos participarán de los festejos y de una visita nocturna (ver Festejos)– quien encargó la construcción de los recintos y de otras curiosidades. Además del edificio que ocupan los elefantes, hay un templo indostánico donde se puede ver las vicuñas, la pagoda china de los osos pandas rojos y el templo de las jirafas. Hay también una réplica de un templo romano y el de un patio andaluz; una espectacular glorieta en la que antaño tocaban orquestas y una obra firmada por Lola Mora, El Eco . Ahora la empresa concesionaria del Zoológico trabaja en la restauración de todo el conjunto, declarado Monumento Histórico en 1997 por la Legislatura. Uno de los directores que ya a comienzos de 1900 aplicó el marketing para convocar multitudes fue el italiano Clemente Onelli. Propuso paseos sobre el lomo de elefantes, camellos y ponis y la gente no desperdició la ocasión. De 1.500 visitas, en 1903, pasaron a 15.000 un año después. Para 1912, también con Onelli como director, los porteños pudieron presenciar otra curiosidad. Porque una jirafa africana se paseó por las calles de la Ciudad. Es que había llegado al puerto de Buenos Aires y desde allí la trasladaron, caminando, hasta su templo-jaula en el Zoo.Eran épocas en que los animales llegaban directamente desde sus países de origen. Hoy los zoológicos solo reciben animales criados en cautiverio y que forman parte de proyectos de conservación.A lo largo de 120 años su entorno se transformó: nació rodeado de parques para terminar cercado por torres y edificios. Tuvo buenas y malas –en los 90 las asociaciones de protección denunciaban el estado lamentable de sus instalaciones– pero sigue siendo un paseo insoslayable.


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