
L a Organización Europea de Investigación Nuclear (CERN) inauguró oficialmente ayer su Gran Colisionador de Hadrones (LHC), pese a que el acelerador de partículas más poderoso del mundo no entrará en acción hasta dentro de varios meses a raíz de un desperfecto. El LHC –popularmente "la máquina de Dios"– "es una maravilla de la tecnología moderna que no hubiera sido posible sin el continuo respaldo de nuestros países miembros", señaló el director general de la organización, Robert Aymar. "Todos los que contribuyeron a su elaboración tienen motivos para sentirse orgullosos (...) mientras nos lanzamos a una nueva era para los descubrimientos científicos", agregó en un comunicado.
El optimismo algo forzado de Aymar dio el tono de la ceremonia destinada a celebrar el circuito de 27 kilómetros enterrado a 100 metros bajo la frontera franco-suiza y que debería permitir descubrir los secretos de la formación del universo haciendo chocar protones a la velocidad de la luz. En lugar de unos 20 jefes de Estado esperados, numerosos países miembros fueron representados por sus ministros de Educación, observadores e invitados.
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